miércoles, 3 de junio de 2015

El Boricua Comodín


       Leyendo noticias, redes sociales y escuchando la gente de pueblo hablar en las filas de Econo, he estudiado la manera de pensar de muchos compueblanos míos y llevo dos meses acostándome encojona’o. El puertorriqueño vive quejándose de los problemas, pero le encanta tenerlos y no hacer nada por resolverlos. En esas filas he esuchado cosas como: “el gobierno nos roba”, “Puerto Rico se jodió pal carajo”, “Este hijeputa quiere que todos seamos pobres” y “¡Qué culote cabrón tiene la prieta esa, puñeta!”, al parecer ninguno sabía hacer nada por mejorar el país o al menos su estilo de vida. Hasta que apareció el primero y dijo: “¡Me voy pal carajo! ¡En los Estados Unidos si sabes un poco de inglés te haces millonario en dos quincenas!” y como la idea se escuchaba súper sencilla, ahí se fueron un montón de vaguitos detrás de él.


         Yo encuentro normal que ciudadanos emigren en busca de una mejor conveniencia. Lo que debe sorprender y ser noticia es el porciento tan exorbitante de los que se van y viran. Esos son el problema. Aquellos que se fueron con miras a convertirse en Mayweathers siendo más plastas que Juanma. Luego viran diciendo que allá está igual o peor, pero el único inglés que saben es el que decía Héctor ‘El Father’ al final de sus canciones y para buscar trabajo se movieron menos que los cachetes estira’os de Rukmini. Realmente me alegro muchísimo de que hayan fracasado fuera del país ya que ellos forman una gran parte del fracaso nuestro.



         El puertorriqueño todavía no sabe que se hace culpable buscando al culpable. ¿Qué se gana con echar culpa a la pasada administración cada cuatro años? ¿En qué parte eso resuelve el déficit o mejora la educación? ¿Saben qué? La culpa la tuvo Luis Muñoz Marín por enseñarnos a depender y buscar quien nos añoñe cuando no queramos hacer nada. Desde ese entonces hemos aprendido a vivir sin tener que trabajar para comer, sin tener que preocuparnos por tener un plan médico y sin tener que dar un buen ejemplo a nuestros hijos ya que lo peor lo verán en televisión y por los más profesionales. Con todo y eso a mí no me gusta echar culpas, yo prefiero regirme con el lema de “Para que exista un cabrón debió existir un pendejo” y si en este caso el cabrón es el gobierno es porque nosotros somos los pendejos.



         Desde pequeños aprendemos a quejarnos de nuestros padres sin apenas saber arreglar una cama; crecemos protestando por precios de libros y gastando la beca en cervezas y marihuana, para envejecer criticando la gordura de nuestras parejas, pero comiendo en fast foods. Así de charlatantes somos. Unos seres humanos mierdas que hablamos mierda de los que son más mierda que nosotros. En esto se basa la evolución del boricua común, en ser el cáncer de cualquier avance al país. Entonces éstos son los que deciden irse a otros países para luego virar con sus maletas llenas de incompetencia e ineptitud.



         Aquí les adornan el nombre con “migración de retorno” a los que en un principio dijeron “¡Puerto Rico ya no vale nah!” y se fueron para luego volver a vivir del gobierno. Es ahí donde el gobierno se convierte en el pendejo dando ayudas a mantenidos y ellos en los cabrones parásitos que solo saben dar quejas, hacer huelgas y hacernos quedar en ridículo a nivel nacional. Por eso es que yo no creo en que la culpa tenga color o ideal, para mí la culpa empieza por una clase social que ya está malacostumbrada al mantengo y ayudas, sin considerar esforzarse por devengar o establecer un ejemplo a sus vástagos.

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