jueves, 28 de enero de 2016

Historia de un Beeper



         Años después de mi padre morir, de que Rosselló fuera reelecto y de que a Monica Lewinsky la cogieran mamando bicho en la Casa Blanca todo cambió y nada siguió siendo perfecto. Tenía 14 años y pasaba por la más grande depresión luego de haber tenido que abandonar mi barrio de crianza en Caguas por una mierda de urbanización privada en el matojo de Gurabo. Mami que siempre se preocupó demasiado porque saliera alguien de bien y no un tecato, un bichote o peor aún un futuro paciente de SIDA, me compraba la mejor ropa y los mejores juegos para que despejara la mente. Entre esas cosas que me ayudaron a abandonar aquellas inmensas ganas de quitarme la vida apareció un beeper de Celulares Telefónica y con el la culoncita que iba a ser el primer amor de mi vida.



         A la urbanización llega esta volleybolista flaca de cintura hacia arriba, pero con nalgas, caderas y muslos que nos tenía el bicho vira’o de tanta paja cada vez que salía a botar la basura en V.B. Rags. Venía de una familia cristiana, comemierda y penepé, pero si algo aprendí de mi viejo barrio fue que a las nenas bichas les dan cosquilleos en la chocha los títeres, y ahí estaba yo. El rapero malhabla’o, el peleón y el único que tenía beeper del corillo. Dando vueltas de la manzana mientras conocía su vecindario me le presento, intercambiamos números y empezamos a hablar. En una semana ya estaba en su fiesta familiar recibiendo un regaño de su mai por tenerla sentá en mi falda grajiándomela y tocándole las tetas.



         Luego de un mes saliendo y en pleno enchule ofrezco prestarle mi beeper para escribirle por las noches ya que en su casa no la dejaban usar el teléfono después de las 9pm. Le escribía “sal” y ella sacaba 3 hojas de las ventanas de cristal y se escapaba, me dejaba mamarle las tetas y se iba a dormir. Una noche de esas que uno no tiene un bicho que hacer y de casualidad no estás bellaco porque te casketiaste bastante durante la tarde, decido llamar a los panas y sentarnos a beber frente a casa. En la borrachera uno de ellos que sabía que mi novia tenía mi beeper nos dice para enviarle mensajes tele-teclas (mensajes manuales que uno enviaba para hablar malo o decir bellaqueras) y por alguna extraña razón me gustó la idea.



         Empezamos a escribirle cosas como “Te quiero mamar la crica”, “Ese culo me lo pone bien duro”, “¿Cuándo te lo dejas meter?” y otros 35 mensajes más así de esos que se escriben los enamorados mientras nos reíamos como unos pendejos. Al otro día se levantó bien bellaca y me llamó contenta de tanto halago. Me dijo que por la noche me iba a dar el beeper para contestarme los mensajes uno por uno. –Ustedes ni se imaginan la bellaquera que a mí me dio– Se envolvió tanto hablándome de los mensajes que su hermano mayor escuchó toda la historia, buscó el beeper en su cuarto y empezó a leer los mensajes en voz alta. Ella tiró el teléfono y yo solo escuchaba como se intercambiaban los “¡QUIEEROO METERRTELOO!”, “Wiiii!!!”, “¡BELLACOO!” del hermano y los “¡Déjame quieta!”, “Dame el jodio beeper acá”, “¡No seas pendejo!” de mi novia. En eso los papás llegaron del trabajo y él se calmó, pero ella siguió llorando y peleando para que le diera el beeper. Hasta que la mamá se encojonó y dijo “Felo, dame el beeper ese. Hazme el favor”. Yo me cagué tan cabrón que colgué.



         Al pasar las horas y no recibir llamada alguna me vestí y me fui pa’ la cancha. Allí todo el mundo me empezó a decir “¿Cabróóóón, qué tú hiciste?”, “A esa cabrona le estaban dando un regaño bien hijeputa y era por ti porque el papá le decía que no quería verla más contigo” “ella solo decía que te amaba”, les conté que la mamá leyó los mensajes y nos echamos a reír un rato bien cabrón. Ahí llega el carro de la mai, se baja mi novia, me entrega el beeper y me dice llorando “no me llames”.



         Pasamos meses hablándonos y viéndonos a escondidas. Meses de que su mamá diera rondas por la urbanización y me gritara “¡No te quiero ver más con mi hija!”, “¡Eres un enfermo!”, “¡Sucio!” cada vez que nos cogía en alguna esquina. Hasta que un día le encontró dos pruebas de embarazo en el cuarto y decidió mudarse a Manatí, meterla en una escuela solo de niñas y cancelarle el quinceañero. Hoy día mi exnovia es gorda, cristiana y lo peor de todo; pata.

1 comentario:

  1. Ninguna mujer es lesbiana. Solo existen bisexuales selectivas.
    Las cristianas siempre son las mas bellacas y putas.
    Y no, lo peor no es q sea pata, lo peor es que sea gorda

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