miércoles, 6 de julio de 2016

Cojones Feministas



         Era uno de estos sábados que estás solo en tu casa sin nada en la mente y decides dar una vuelta por el Viejo San Juan. Salgo de Caguas escuchando algún CD de éxitos de Frankie Ruiz con la mentalidad de hacer algo diferente que no sea ensuciarme el bicho con alguna puta de Puerto Nuevo. Primero paro en la Inter para comer en El Trompo ya que El Churry al igual que a Jared; parece que con el tiempo le gustan las porciones más chiquitas. Luego subo a Lúpulo a darme unas cervezas de esas que cuestan más que el juicio de OJ Simpson. Cuando el alcohol empieza a hacer efecto me da con hacer lo normal; caminar por ahí y ligar culitos ilegales.



         Me dirijo a Tres Cuernos donde estaba por empezar una premiación de una competencia de skate. Llegando veo a una muchacha trigueña como de unos 20 años, de afro, con mahones rotos y camisa de Frida despintá, sentada en la acera esperando por alguien con su patineta. Era de estas mujeres que no se arregla porque el hombre debe quererlas como son, pero tapan su jamonería con una supuesta exigencia. De las que viven con los lemas “apesto porque me jodo más que tú” y “tengo bigote porque soy quien lleva los cojones”. Un desagrado de persona. Me le acerqué y le pedí la patineta prestada a ver si me salía alguno de los trucos que solía hacer cuando adolescente. No me salió un carajo, ya estaba viejo, gordo y borracho. Como agradecimiento le pago un round de Medalla y chichaíto, y cuando viro ya habían llegado sus amigos. Me quedé viéndolos un rato hacer boberías en sus patinetas y entre chistes y caídas nos pagamos unas 3 o 4 rondas más.



         A eso de las 12:30am digo “voy a comprar el último round y me voy pal carajo, vengo ya”. Cuando estoy pidiendo en la barra me percato que al lado mío estaba la negrita del afro que con el pasar de la noche, las cervezas y mi costumbre a las malas decisiones se veía más fea y empezaba a oler fuerte. El bartender me atiende, le digo “dame 6 Medallas con 6 sho…”, y a mitad de orden me fijo que a él se le pierde la mirada en ella y cuando la miro venía pa’ encima de mí con gotitas de sudor en el bigote y sacando la lengua pa’ besarme. Entre asombro y un asco cabrón levanté mi mano y con el antebrazo la empujé hacía atrás por el pecho. Para su mala suerte casi se cae porque estaba trepada en un escalón. Para mi peor suerte la universitaria era de estas rebeldes locas que nunca han encontrado la manera de ver un bicho para’o, pero sí saben buscarle una protesta a cualquier acción que no le agrade. Empezó a enumerarme todas las faltas de respetos que tuve hacia ella solo por rechazarle un jodio beso. “¡Qué poco hombre!” “¡Un hombre de verdad jamás le haría eso a una mujer en público!” “¡Pa’ mí que tu eres pato!” “¡Qué jodio picor tengo en la crica!” “¡Machista!” A lo que yo solo dije “¡Pero qué cojones tiene la prieta desagradable esta, puñeta!” Entre esos y otros reclamos hicieron que el bartender me hiciera señas de que me fuera con el round sin pagar antes de que se formara un crical a cuenta de la puerca esa.



         Mi papá una vez me dijo: “Los hombres cuando crecen feos se encierran a ver porno o pagan por putas, las mujeres se meten a feministas y exigen bicho como un derecho constitucional.” Al sol de hoy a mí no me hace sentido como puñeta una mujer cree que el hombre está obligado a contestarle cualquier insinuación, pero el hombre no puede ni mirarle el culo porque es un safa’o. ¿Cómo una película sin mujeres en el elenco es tildada de machista, pero un día especial para las mujeres en el cine no lo es? Mientras se ignoren las ventajas no habrá igualdad. El feminismo se ha malinterpretado y en vez de representar la igualdad de géneros, representa como las gordas feas también merecen chingar sin tener que enseñar las tetas en internet. Yo nunca voy a dejarme tocar de una puerca de esas y si es necesario darle un puño en la chocha para impedirlo, se lo daré.





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