miércoles, 12 de octubre de 2016

El Maestro tiene la Razón




         Saludos compatriotas:


         Mi nombre es Joutax y siempre he pensando no tener hijos por lo hijoeputa que fui de pequeño y vengo a decirles que le doy la razón al maestro de San Lorenzo porque todos se quejan de su vocabulario, pero nadie ha dicho nada del estudiante con el celular. 

         Cuando chiquito yo era un nene pendejo que estudiaba en un colegio militar y aspiraba a ser policía o astronauta. Una vez llegué a intermedia todo cambió. Hice de todo; desde robarme los exámenes finales y vender la clave a $100, hasta cortar clases para irme a pedir dinero por las casas para “pacientes de cáncer” e irme a comer en Sizzler.




         Empecé la elemental en la Caguas Military Academy. Fui un niño de comportamiento común, buenas notas y una que otra peleíta boba. Odiaba a los que hablaban malo, me peinaban como un ‘Beatle’ y era chota. Recuerdo que en primer grado Kelvin, que era el más grande del salón, le pegó con una goma Lion en la cabeza a la maestra y la maestra iba por fila preguntando quién había sido y dando reglazos a cada uno por no chotear, hasta que llegó a mí y antes de que me preguntara le dije “fue Kelvin, missy”. Sí, era un nene pendejo y lambón. En navidades del 1996, cuando estaba en séptimo grado mi papá murió y al quedar solo con mi hermana y mi mamá se me subieron las chuletas y me puse rebelde contra el mundo. Jodía con cojones, pero como los dueños de la escuela vivían detrás de mi casa me soportaron bastante. Le daba en la cara a las nenas, le metía palitos por el culo a otras, llevaba Finlandia con china en botellitas de agua, abusaba de los pendejos y un día hasta invité a pelear al maestro de inglés. Sí, haciéndole la vida imposible a mi mamá que era quien empezaba a manejar sola el negocio de mi difunto padre.




         Cuando se acababa el último semestre de octavo hicieron una “redada” de suspensiones a estudiantes y mi nombre era el primero de la lista. Fue badtrip porque esa fue mi escuela favorita y en la única que duré más de un año. Mi molestia era tanta que cuando llegué de la escuela le entré a huevazos a la casa de los dueños. Mi mai por joder me puso en la pública del pueblo donde obviamente yo no encajaba, pues todos eran caquitos con guilles de gangster y yo era un rockero pendejo que le gustaba joder y correr patineta. La escuela Gerardo Sellés Solá era tan mierda y las materias estaban tan atrasadas que nunca entraba. En octubre llamaron a mami para decirle que llevaba 60 cortes de clases y que los maestros de mis últimas clases aún no me conocían. Pasé fácil el grado, pero me prohibieron ir a mi graduación de noveno, dieron mala recomendación de mí a las escuelas del área y me tuvieron que poner en una pública más tranquila en otra área de Caguas.




         Cogí décimo en la Bairoa 3 y me sentía más cómodo porque me encontré con viejas amistades que habían botado conmigo de la militar. Ya en febrero no me querían en 4 de 7 clases por “malcria’o”, “racista”, “bellaco”, y en otra porque simplemente no entraba y me quedaba jodiendo afuera. Ahora eran peleas, madres de amigas encojonás porque les prestaba películas de Marilyn Manson, estudiantes quejándose porque me pasaba enseñando el culo y al final me botaron por algo que no hice, pero mi reputación no me ayudó. Esta vez no quise chotear a quien hizo un dibujo denigrando a una compañera (con mis ideas) y él dijo que fui yo. Trataron de demandarme por difamación, pero la mamá de la muchacha me conocía y prefirió no hacerlo, dejar que terminara el grado y que no me dieran matrícula para 3er año. Mi madre encojoná con cojones me dijo “¡Como castigo te pondré en una escuela cristiana y si te botan de ahí, te quedas bruto por cabrón!”




         Luego de varias semanas en busca de alguna escuela que me quisiera encontramos la Academia Cristiana Elohim. Cuando cogí los exámenes para entrar saqué perfecto y me brincaron a 4to año. Porque a pesar de ser un hijoeputa nunca dejé de estudiar y de ser un estofoncito. De casualidad mi primer día de clases fue el 11 de septiembre del 2001. Estaba perdido en la escuela y todo el mundo en el corre y corre del “ataque terrorista” en New York. De momento nos llaman para reunirnos en la cancha, allí piden que todos nos agarremos por las manos y que oremos por la tragedia que estaba pasando. Empezó a llover y me moví a escamparme, pero parece que eso era pecado y empezaron a regañarme; a decirle a los demás que mientras más yo me tardara en unirme, más se iban a mojar. No me quedó de otra que unirme y le expresé mi encojonamiento al compañero que me sudaba la mano diciéndole “¡me cago en Dios, socio!”. Unos minutos después de la oración me reúnen en la oficina con la directora y el compañero con quien deposité toda mi confianza. Me dijeron que estaba reunido por algo inaceptable, una blasfemia, yo lo negué, pero no me sirvió de mucho porque quien yo pensaba que era mi compañero, era el pastor de la iglesia. Me dieron una oportunidad y eso que pudo haber sido la razón para quedarme bruto como había dicho mami, me ayudó como jamás pensé. El comité escolar y el pastor se propusieron convertirme y después que yo no blasfemara, ellos me pasaban de grado.



         Quizás jodí demasiado e hice que mi madre malgastara mucho de su tiempo y dinero, pero siempre estuve claro de que quien estaba mal era yo y siempre estuve consciente de la cantidad de cabronerías que me aguantaron todos los maestros por cuyas manos pasé. Hoy un maestro se hartó,  ¿y ustedes se creen que se merece que lo fiscalicen por reprender a un cabroncito que de seguro no hizo ni la mitad de las hijeputadas que hice yo?


         Si usted piensa eso, usted es un hipócrita, ojalá nunca pueda reproducirse y me cago en su madre, y en usted también por chango.


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