miércoles, 28 de marzo de 2018

El Hijo de Tato Supermarket: De Pendejo a Cabrón


         A mí me criaron con valores para que fuera un mama’o como Pesquera, pero con la cara de güelebicho de Fortuño y el recorte de bugarrón de Paul McCartney. Gracias a Dios y a las pelas que mi papá le daba a mami por gastar tanto dinero en mierdas, aprendí a pelear y a guardar rabia. Así empecé a defenderme de los más jodones. Porque antes no existía eso de “Bullys”, antes si dabas quejas te daban más duro por llorón.

         Mi vecino Pedrito Motorita era de los rebeldes y los más jodones, pues acababa de pasar por el divorcio de sus padres y se pasaba cogiéndome de pendejo. En enero 7 del ‘94 me fui con él a estrenar el carrito de control remoto Turbo Hammer que me habían regalado los Reyes Magos. Mi papá me pita para que me suba porque nos íbamos a celebrar el cumpleaños de mami en Los Macos, Humacao, y le piché. Me fui pa’ la otra calle con el carrito y Pedrito, pero papi se paró en la esquina con la correa y me dijo: “¡O te vienes ahora y guardas la mierda esa o te saco las listas a correazos!”. Cogí pa’ casa como alma que lleva el Diablo y como ya estaba cerrada, guardé el Turbo Hammer en una neverita de foam y el control detrás de un mattress en la terraza.


         Cuando llegué, el carrito no estaba y empecé a llorar. Dije “eso me lo robó Pedrito. Él es a quien único mi perro no le tira” y mis padres me querían hacer creer que no. Me hicieron ir a preguntarle si él lo había cogido prestado y pensaba devolvérmelo después, y yo bien güelebicho fui. Al otro día estaba jugando basket atrás de casa con mi hermano mayor, él me dio un tapón y la bola se fue pal techo. Cuando la busqué vi que en el techo de Pedrito estaba el carrito abajo del calentador solar.


         Si en algo yo tenía un don era en la facilidad que se me daba para crear planes basados en joder a alguien. Entonces pensé en invitar a Pedrito a jugar baloncesto en casa, darle un tapón, decirle que me ayudará a buscar la bola en el techo y allí darle una pela por pillo hijoeputa. Todo salió bien, pero cuando estaba subiendo al techo mis ganas de joderlo eran tan fuertes que no disimulé y eso hizo que se diera cuenta y arrancara a correr alrededor de su casa. Obviamente lo corrí y le rompí la boca frente a la mai.

         Comoquiera no aprendió. En el ’96 yo me había mudado a una urbanización privada de Gurabo y un día se me desaparecieron 2 juegos de Nintendo 64. Esa noche del encojonamiento le tiré con un peñón a la ventana de mis vecinos nuevos y como un talento que nunca he tenido es la puntería, le exploté el contador de luz. Al otro día mami me dijo que Pedrito había ido con su mamá a visitarnos y pasó un rato en mi cuarto. Rápido dije “¡Este cabrón!”, llamé a la novia, la invité pa’ mi cumpleaños (a él no) y como era bien putita, hice que todos mis amigos se la besaran en venganza.

         En navidades de ese año murió papi y celebraron el día de navidad en casa para subirnos los ánimos. Fue toda mi familia y mis conocidos. Mi bisabuelo me regaló $100, los guardé en una gaveta de mi cuarto y le dije a mi primo mayor “si vas a quedarte durmiendo aquí, vélame esa gaveta que hay chavos y Pedrito tiene costumbres de negro”, él me dijo “tranquilo, que ese cabrón no se mete aquí”. Cuando se acabó el cumple, voy al cuarto, está mi primo roncando y los chavos desaparecidos… ¡Me robó otra vez el hijoeputa ese!

         En esta ocasión pensé en matarlo para terminar con el problema de una vez. Acababan de enterrar a mi papá y ese infeliz ya andaba robándome $100. ¡Un bicho! Al otro día había un rosario en casa de mi abuela al cual la mamá de Pedrito estaba invitada. Antes de que llegaran me reuní con mi mejor amigo y un primo loco que tengo. Les conté lo sucedido y creamos un plan pa’ joder a Motorita. El plan era basado en un juego que me inventé llamado “las prendías” que consistía en formar dos grupos de dos personas, un grupo tenía que encontrar al otro y darle una prendía. ¿Ya saben por dónde voy?


         Mi mejor amigo y Pedrito eran a los que mi primo y yo teníamos que coger y darles una pela. Obviamente el truco era que el amigo mío lo aguantara y le diéramos entre los 3 con un bate en la cabeza, pero Pedrito Motorita era más rápido y se le escapó. Como yo conocía la urbanización lo esperamos en un callejón y cuando subía por la acera salí y lo pegué a la verja por los hombros. “¿Dónde están mis chavos, cabrón?, ¡Dime o te prendemos!” y entre lágrimas me contestó “¿qué chavos?, ¡yo no tengo nah!”, no le creí y le volví a preguntar “¿dónde están mis chavos, hijoeputa? ¡no te hagas el loco!” y me dijo “yo te digo si ellos se echan con ese bate pa’ allá”. Los mandé a retirarse un poco, le volví a preguntar por los $100 más tranquilo y me dijo “yo vi que tu primo el loco los cogió”, llamé a mi primo y le dije “cucha, Pedrito dice que tú me los robaste..”. El loco sin mediar palabra le metió un zurdazo encima de la sien y mi amigo le dio dos batazos en la espalda.

         Dos semanas después llego a casa de la escuela y la nana me dice: “Mira muchacho, tienes una gaveta rota y tenías estos chavos entre las medias…” Sí… los mismos $100 por los que Pedrito estuvo semana y media en el hospital con una costilla rota.


         

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